Sordera

A fines de enero, cuando a Bashar Al-Assad lo afectó un fuerte ataque de sordera, hizo las siguientes declaraciones: “uno debe escuchar al pueblo“. Al-Assad va dando tumbos, la sordera le estropeó el sentido del equilibrio. Sus directivas se contradicen. Promete reformas y ya lleva, por lo menos, 453 muertos en su haber desde el 15 de marzo. Al parecer la sordera es un problema familiar. Su padre, Hafis Al-Assad, la padeció en 1982, en la ciudad de Hama y se cargó a más de 10.000 seres humanos.

Hoy por hoy, tememos que la malatía se agudice. Sin embargo, seguimos confiando ciegamente en nuestros salvadores-sabelotodos, miembros algunos del gobierno francés. Un portavoz de su cancillería nos tranquiliza diciendo: “Hemos subrayado la obligación de las autoridades sirias de respetar los compromisos internacionales en materia de derechos humanos y en particular del derecho a manifestar pacíficamente”. Qué más se puede esperar del país de la Razón.

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