Odisea del Amanecer

Hace unos días me preguntaba por el pensamiento rebelde. Hoy encontré varios artículos especialmente informativos al respecto. El pensamiento rebelde es una ensalada de ideologías con un objetivo común: la eliminación de Bigotín. Bigotín, el que apuesta a todo, el que le da masita (ahora) al imperio y (ahora) a su propio pueblo, está atrincherado, se fortalece y se deja crecer la barba. Bigotín tiene dos salidas: ora gana, ora pierde, aunque también sabe hablar en griego. El tiempo, Platón o Aristóteles serán los que decidan.

La OTAN juega a que Bigotín pierda. Ya lleva 547 operaciones, entre ellas 217 enfrentamientos. No le explicaron que para jugar hay que calzarse anteojos también, especialmente si se sufre de miopía. La OTAN juega con la mente en negro (negro petróleo) y el negro es “la ausencia de todo color” (aclaración: el negro petróleo es el más negro de todos los negros). Entonces, enumeremos, miopía y daltonismo. Mandamos a la OTAN al oculista. Alguien me susurra al oído: “al otorrino también”. Sí, al otorrino también. La OTAN o no escucha o escucha solo lo que quiere oír y cuando habla escupe misiles. Caso complicado, señor otorrino. Si hablando hiere con su discurso a algún inocente, pues bien, los gajes del oficio.

Los rebeldes. ¡Qué complicado! Gente con pasado nefasto es rebelde. Ahmed Ibadullah, 17 años, también es rebelde (no se puede tener un pasado nefasto con 17 años). Ahmed busca un arma donde sea y cuando la encuentre la accionará contra todo lo que huela a Bigotín. ¿Quién le acercará un arma a Ahmed? Tengo miedo de contestar esta pregunta. Ahmed se inquiere: “¿cuál es la razón de vivir de esta manera? Es mejor morir luchando”. Ahmed es rebelde, quiera Allah si deja su vida en el campo de batalla lo sea por una buena razón y no por Mustapha Abdeljalil o por Idris Laga o por Abdel-Fattah.

Amanece. Los estruendos estomacales comienzan a hacerse sentir. Hace dos días se mató el último camello y la poca carne que queda está empezando a pudrirse. El sol raja los rostros espantados por el miedo bélico e ilumina la pantalla de la TV que dice así: “¿quién es Bigotín?”. La abuela, aburrida, se levanta con dificultad del suelo y cambia de canal: Libia Libre muestra incansablemente las cantidades industriales de viagra y de preservativos que llevan los soldados aliados a Bigotín. Hoy, nada de comer.

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